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Source: www.genbeta.com

Libros gratis y legales.

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BID: Siete pasos para potenciar las industrias culturales

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La economía creativa es aquella en que la producción de  riqueza está  basada en el talento, ¿qué es lo que hace falta para sacarle partido de verdad a  la economía de la creatividad, conocida también como Economía Naranja?

Según Felipe Buitrago, consultor de la división de asuntos culturales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “esto no depende de una sola cosa, es un conjunto de acciones muy complejo para mantener un ecosistema funcionando”.

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Del problema de comunicación de las empresas al de las personas

“La vida es lo que pasa mientras miras en Whatsapp”.  Las redes sociales y los dispositivos móviles están generando nuevos hábitos de comunicación entre las personas. Con frecuencia nos quejamos de las empresas por su falta de comunicación, debido a la falta de inmediatez y respuesta y por la falta de cercanía y confianza.  Sin embargo, en nuestra vida cotidiana con demasiada frecuencia nos  sentados a la mesa con amigos y/o familiares y estamos conectados y chateando por facebook, twitter o whatsapp, sin percatarnos que estamos en compañía. Por eso concuerdo con este articulo que publica PuroMarketing en que la crisis de comunicación no es solo un problema de marcas y empresas, sino de valores, educación y respeto.

Recordemos que en la vida real y en la virtual somos la misma persona solo nos cambia el escenario.

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Lynette Gomez‘s insight:

“La vida es lo que pasa mientras miras en Whatsapp”.

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¿Son Internet y las redes sociales también para ti?

El pasado de las redes sociales
Blog: saraillamas

Las redes sociales han cambiado la manera como nos comunicamos con los demás, asunto sustantivo que se agrega a los muchos  aspectos de nuestra vida cotidiana que se han transformado y simplificado con el advenimiento de la era digital. Pensemos, por ejemplo, en la banca electrónica  que nos permite tener acceso a transacciones como consultas, transferencias, pagos y movimientos entre cuentas  desde la comodidad de nuestra casa o desde el dispositivo móvil. O en lo que significa poder comprar las entradas al cine, al teatro, a conciertos y a actividades deportivas en una página “web”, sin necesidad de hacer colas o trasladarnos a una taquilla. Incluso, es posible  en ciertos espectáculos conseguir boletos a un precio más económico  y en una buena ubicación si los compramos con la suficiente  antelación en la etapa de pre-venta.

Por otra parte, las instituciones del estado se han digitalizado: podemos sacarnos el RIF, hacer la declaración de impuestos, solicitar citas para renovación del documento de identidad, pasaportes, licencias de conducir, pagar las cuentas de electricidad, teléfono.  En fin, trámites que antes significaban largas colas y engorrosos traslados hoy podemos hacerlos de forma electrónica.

Pero me pregunto:¿en realidad todos los ciudadanos y ciudadanas podemos o sabemos utilizar las herramientas tecnológicas para ejecutar estas actividades?

Realizando una investigación de campo para un proyecto en el cuál estoy trabajando, preguntamos al mercado objetivo de nuestro estudio, personas mayores de 50 años,  acerca de sus conocimientos e interés en internet y las redes sociales. Nos hemos encontrado que un porcentaje significativo de este segmento de la población no tiene acceso a esta herramientas y, si lo tienen,  no disponen de las habilidades necesarias para su uso.

Acá les coloco alguno de comentarios que escuché durante la realización de las entrevistas, sobre todo en el segmento mayor de sesenta y cinco años:  “¿Con que se come eso de las TIC?”, “¿ Por qué tengo yo que aprender de internet, redes sociales, feibus, tuiter, etc?”, “eso es puro chisme y rumor, además ya estoy muy viejo(a) pá eso”. “Me da miedo usar la computadora la puedo romper”, “Ese telefonito tiene las tiene las letras muy chiquitas y no las puedo leer? En el caso de profesionales de distintas áreas, sector docente incluido, organizaciones sociales y  PYMES, sorprende el limitado uso de las TICS en términos del mejoramiento del desempeño  laboral y comunicacional tanto en este segmento como en el constituido por personas entre cincuenta y sesenta y cinco años.

En este artículo no quiero referirme al tema  tan importante del acceso a internet, que según datos que presentara Carlos Jiménez ( @tendenciasD ) en su más reciente estudio de tendencias digitales, indica que Venezuela tiene una penetración de internet de 45%     ( unos 13.5 Millones de personas), con una muy baja velocidad de conexión, en promedio 0,9 MBps  (Barometro Cisco 2.0). Más  que estar  en “banda ancha” estamos “angostos de banda”,   como escuché decir en estos día en el evento de @cuidadesdigitales, sobre todo si comparamos nuestra velocidad de conexión  con la de otros países de la región.

Es preciso tomar conciencia  sobre las habilidades digitales que debemos desarrollar para poder hacer un efectivo uso de internet y de las redes sociales y de esta forma aprovechar sus beneficios en términos de:

    • Enriquecer la manera en como nos comunicamos.
    • Tener mayor acceso a la información.
    • Darnos la capacidad para crear y compartir nuestra experiencia, lo que  sabemos que sea de utilidad para el otro, de manera libre y democrática.
    • Crear comunidad, es decir, un grupo de personas que comparten ideas, metas, gustos o aficiones.
    • Recuperar el carácter social de la información.
    • Convertirnos en ciudadanos digitales.
    • Desarrollar habilidades que nos permitan evitar los riesgos asociados al uso de las TIC’s en términos de seguridad personal.
    • Desarrollar competencias profesionales.

Lo primero que tenemos que hacer  para que este segmento de la población mayor de 50 años que hoy no tiene acceso a las TIC’s pueda incorporarse efectivamente a la sociedad de la información, es darnos cuenta que de que, en el caso venezolano, estamos  hablando de más de 5 millones de personas. Afortunadamente, ya estamos viendo algunas iniciativas que apuntan a encontrar soluciones a  esta necesidad de reducir la brecha digital para las personas mayores de 50 años. En el próximo articulo les daré más detalles.

Te invito a que nos escribas y compartas con nosotros tu experiencia sobre el tema y si te gustó este artículo, compártelo con tus amigos.

¿Es el nativo digital un ciudadano digital?

nativodigitalHace un par de semanas disfrute mucho de dictar un seminario a un grupo de jóvenes de la populosa barriada de Petare en Caracas. Esta actividad fue organizada por  Superatec y versó sobre el uso de las “Redes sociales más allá de lo Social”.

Para mi sorpresa comprobé la afirmación  publicada por  el experto digital  Luis Carlos Díaz en su cuenta de twitter: @luiscarlos “Hoy volví a comprobar que los nativos digitales no existen”. Aunque los participante del seminario están en el grupo de los “nativos digitales”,  disponen en su mayoría de acceso a internet (desde su casa, teléfono inteligente, instalaciones de Superatec, etc) y el 100% de ellos posee al menos un perfil en una red social (Facebook: 100%, Twitter: 65%), utilizan la tecnología solo para pasar el tiempo en las redes sociales y para participar en juegos en línea.  No conocen la forma de utilizar sus habilidades tecnológicas para otras actividades: su educación, opciones de trabajo, participación social y política, etc.

Nativo digital es un término acuñado por el autor estadounidense Marc Prensky en 2001. Se trata  de  las personas, rodeadas desde temprana edad por las nuevas tecnologías (por ejemplo: computadoras, videojuegos, cámaras de video, celulares) y los medios de comunicación, situación que las lleva a desarrollar  maneras de pensar y de entender el mundo distintas a las de generaciones anteriores. Por oposición, se define al “inmigrante digital como la persona nacida y educada antes del auge de las nuevas tecnologías y que ha desarrollado habilidades respecto a las mismas en la adultez.

Clasificar al usuario de tecnologías de información y comunicación solo por la variable generacional no es del todo acertado, ya que en realidad no es el elemento fundamental para determinar las prácticas digitales que desarrolla una persona. En este punto coincido con Genís Rocas (http://www.genisroca.com) que propone otra forma de categorizar a quienes manejan las TICS a partir del tiempo invertido en ellas y sus usos específicos.  Roca  afirma que es también importante el hecho de que esta experiencia digital se relacione con la resolución de problemas o el logro de objetivos.

Pienso que lo que definiría a un “individuo digital”, si me permiten el termino, es su actitud y el nivel de uso de la tecnología de la información para la resolución de problemas específicos de su entorno. Desde otro punto de vista, también podemos decir que la población de nativos digitales no es homogénea, si bien éstos conocen y hacen uso de la tecnología, no todos presentan el mismo nivel de conocimiento,  habilidades o competencias tecnológicas. Las diferencias dentro de la generación digital son tan importantes como las diferencias entre generaciones.

Más allá de discutir el termino de nativo, inmigrante o cromañón digital (personas cuya crianza, educación y desarrollo profesional no han estado  ligadas con las TICS), me parece interesante comenzar a discutir sobre cuáles son los niveles de conocimiento, habilidades y competencias que debemos tener los ciudadanos del siglo XXI para ser considerados “ciudadanos digitales”.

¿Qué hace a una persona un ciudadano digital?:

1. Tolerancia en la red. Se refiere al respeto por el otro en los espacios digitales.

2. Colaboración: Las redes no son significativas para la vida pública si se usan  para chatear y compartir fotos. Es preciso construir conocimiento; compartirlo con la comunidad; ejercer el activismo político-social a través de la participación activa en las redes sociales para, por ejemplo,  pedir rendición de cuentas a gobernantes o a empresas.

3. Difundir conocimiento y compartirlo. Si soy un profesor de literatura o de matemáticas, artesano, conocedor de un oficio,  ejercer mi ciudadanía digital es compartir conocimiento, puntos de vista y promover el dialogo en esa área de la que soy experto.

¿Por qué es prudente traer al debate el concepto de ciudadanía digital?  Basta ver nuestro “timeline” en Twitter o nuestro perfil en Facebook para tener una clara evidencia de que las redes son formidables herramientas para construir y ejercer  la ciudadanía, pero lamentablemente esto aún no está ocurriendo en la dimensión requerida.

Debemos aprender a sacar provecho de las ventajas que nos ofrecen las nuevas tecnologías para ser mejores ciudadanos: un nuevo entorno para nuestros intercambios y conversaciones, sin límites de tiempo ni localidad geográfica, y en el que no solo puedo escuchar sino también participar activamente. Gracias a las TICS es posible  comunicarnos unos con otros, todos con todos; por ende, el contenido que aportamos a las conversaciones es la clave.

Ciudadanía digital implica la generación de una cultura participativa que trascienda el espacio privado y nos permita actuar e incidir en las políticas públicas locales y globales y ser parte de proyectos de transformación y mejora en la calidad de vida. Se trata del  ejercicio de valores de convivencia pacífica, tolerancia a las diferencias, solidaridad, cooperación, sana competencia, participación, entre otros que  hacen viva y viable la existencia en comunidad.

Si tienes alguna experiencia que quieras compartir con nosotros, algún comentario o alguna inquietud en relación al tema, escríbenos.

Ciudades Inteligente en América Latina.

A musupersonicoschos, sobre todo de mi generación, cuando escuchamos el termino “ciudad inteligente” nos viene a la memoria la popular serie de dibujos animados, creada por William Hanna y Joseph Barbera en 1962: Los Supersónicos. Se trata de una familia estadounidense cuya historia se desarrolla en el año 2062.  Los Sónico y sus contemporáneos volaban en sus vehículos personales, vivían en ciudades flotantes y viajaban con frecuencia a la Luna. Desde esta ciudad inteligente, por ejemplo,  Super, el padre, usaba telepresencia para comunicarse con su jefe pues todas  las actividades públicas y privadas estaban completamente automatizadas.

Pero hoy, en el año 2013,  ¿qué entendemos por “ciudad inteligente”? Coincido plenamente con la española Pilar Conesa, directora de Smart Cities World Congress:  “las ciudades inteligentes son aquellas en las que se conjuga el uso de la tecnología con temas de desarrollo sostenible y una mayor participación ciudadana”. El objetivo de una ciudad inteligente es combinar en un modelo urbano la protección del medio ambiente, la eficiencia energética y la rentabilidad económica. Se trata de un ecosistema donde infraestructuras, servicios y tecnología se unen para ofrecer un entorno a medida del hombre, en el que el ahorro energético, la reducción de las emisiones y el control del consumo forman parte de la vida.

Actualmente, el funcionamiento de las ciudades está desarticulado. Los encargados del transporte urbano solo ven el transporte, el encargado del alumbrado público sólo ve el alumbrado y así ocurre para cada uno de los servicios públicos de la ciudad (salud, recreación, educación, etc.). Tomando en cuenta la complejidad de nuestras ciudades, los gobiernos deberían (y algunos en la región ya lo están haciendo) racionalizar y maximizar los recursos financieros, humanos y naturales para ofrecer a sus ciudadanos entornos sustentables y cómodos de habitar. Pero no solo los gobiernos. Considero al igual que Gildo Seisdedos, director del Club de Innovación Urbana y autor de Cómo gestionar las ciudades del siglo XXI (2007), que “ Para aspirar a una ciudad inteligente se requieren sinergias entre todos los actores: empresas de energía, instituciones públicas, universidades, administraciones locales, industrias a la vanguardia tecnológica”.

Un aspecto clave estará determinado por la utilización de las tecnologías de información y comunicación (TICs), puesto que algunas veces tenemos que toda la información que necesita la ciudad para operar ya está siendo generada, el problema es que no se comparte. Es necesario un sistema integral de gestión de la ciudad para que esa información sea compartida por los sistemas de seguridad pública, el transporte, las fuentes de alimentación energética, los hospitales, aeropuertos y escuelas. Este sistema  desde la perspectiva tecnológica  necesita una plataforma  en la que residan todos los datos y se puedan tratar con una visión unificada. Se trata de un paso indispensable para convertir las populosas ciudades  en urbes ordenadas y con una calidad de vida envidiable.

Las iniciativas de ciudades inteligentes en el mundo no son nada nuevo; entre las más conocidas tenemos Songdo en Corea del Sur, Barcelona, Chicago, Sydney, Amsterdam y Toronto.

¿Podríamos tener una ciudad de este tipo en Latinoamérica? No es una tarea fácil y ciertamente representa un esfuerzo titánico tanto para gobiernos nacionales y locales como para la empresa privada y los propios ciudadanos. No obstante, los beneficios que representa el salto cualitativo a ciudad inteligente justifican desde el punto de vista económico, social y cultural el asumir el desafío.  En nuestra región destacan las ciudades de Guadalajara, Bogotá y Río de Janeiro, que cuentan con sistemas de  gobierno electrónico, acceso público a Internet y  gestión integral de transportes y seguridad.

Les comparto un ejemplo de estas iniciativas en América Latina: Smart City Santiago, la primera ciudad inteligente de Chile, estará ubicada en la Ciudad Empresarial de Huechuraba y se permitirá ahorrar hasta un 25% en combustible (http://terratv.terra.cl/Default.aspx?cid=446223)

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